El Acuerdo UE-Mercosur. Una buena noticia

El Acuerdo UE-Mercosur. Una buena noticia

Osvaldo Rosales, ex Director de la División de Comercio Internacional e Integración de CEPAL, Naciones Unidas, y ex Director General de Relaciones Económicas Internacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile.

El Acuerdo UE- Mercosur formaría una zona comercial de 700 millones de potenciales consumidores. La UE se anticipa a China y a Estados Unidos en concluir un acuerdo con prácticamente todo el continente.  Constituye uno de los pocos éxitos en la política internacional de la UE, anticipándose al ALCA que promovía USA y a la red de acuerdos que viene trabajando China en la región.  

Las ventajas del acuerdo para la UE

Desde el punto de vista europeo, el acuerdo amplía y consolida un mayor acceso al mercado de Mercosur para el conjunto de sus productos, cubriendo agricultura, pesca, frutas, vinos y licores, manufacturas y servicios, junto con asegurar mejores condiciones de acceso y resguardo jurídico a las inversiones europeas en Mercosur. En síntesis, este acuerdo le ofrece a la UE un acceso integral a un amplio mercado de bienes y servicios, claridad y certeza jurídica en las normas de inversión, acceso a materias primas esenciales y un diálogo político institucionalizado con Mercosur, con un enfoque basado en la cooperación.

Más allá de las evidentes ventajas comerciales para la UE, el mérito mayor del acuerdo es geopolítico. En efecto, se trata de un acuerdo comercialmente relevante en un momento geopolítico que reclama diversificación de alianzas comerciales y certidumbre en las decisiones internacionales de comercio e inversión.

El Acuerdo ayuda a preservar un comercio internacional basado en reglas, evitando que sea el garrote lo que defina las relaciones comerciales. Se suma a las gestiones en curso para hacer converger los actuales mega-acuerdos  (CPTPP, RCEP, UE y ahora Mercosur).

Resta un camino institucional complejo para su aprobación

Se opusieron al Acuerdo los gobiernos de Francia, Austria, Polonia, Hungría e Irlanda. Debe aprobarse en los parlamentos nacionales de la UE y Mercosur y en el Parlamento Europeo, donde la ultraderecha y grupos minoritarios de izquierda se suman al bloqueo. Las principales críticas europeas al acuerdo surgen en agricultura y ganadería, con cuestionamientos a los estándares ambientales y de inocuidad en Mercosur. Sin embargo, salvaguardias específicas aseguran que el ingreso de productos de Mercosur será gradual, acotado y cumpliendo con los exigentes estándares europeos. El acuerdo además establece compromisos vinculantes en temas caros a los objetivos europeos, tales como la implementación del Acuerdo de París, convenios internacionales sobre derechos laborales, derechos humanos, biodiversidad y protección del medio ambiente.

El acceso de los bienes y servicios de Mercosur al mercado de la UE estará pues condicionado al cumplimiento de exigentes estándares regulatorios y ambientales, lo que -de paso- se espera ayude a impulsar el desarrollo sostenible en las economías de Mercosur, modernizando estándares variados y reduciendo la dependencia de las exportaciones primarias. Todos estos son objetivos precisos que están contenidos en la iniciativa europea Global Gateway, a la cual se la han asignado 1.800 millones de euros.

Persiste entonces una duda razonable respecto de cuanto componente proteccionista hay en estas aprehensiones con el acuerdo.

A inicios de 2026, tras 25 años de negociaciones- interrumpidas varias veces y por períodos largos- los Estados miembros de la UE aprobaron el acuerdo comercial. Para entrar en vigor, el acuerdo debe ser ratificado por el Parlamento europeo, por los parlamentos nacionales de la UE y de Mercosur.  La ratificación del acuerdo se ha visto frenada pues el Parlamento europeo solicitó al Tribunal Europeo que evaluase la legalidad del mismo, gestión que podría demorar la entrada en vigor del acuerdo hasta en dos años.

El Consejo de la UE aprobó el 9 de enero de 2026 la firma del Acuerdo de Asociación (que incluye tres pilares: el acuerdo de libre comercio, un pilar de Cooperación y un tercero de Dialogo Político).  El Consejo también aprobó el Acuerdo Comercial Interino (ATI) que incluye la liberalización comercial y de inversiones. El ATI puede funcionar de modo transitorio, en tanto se aprobado en los parlamentos de Mercosur y hasta que el Acuerdo de Asociación cumpla con todas las fases de ratificación en la UE.  

La Comisión enfrenta un dilema político e institucional complejo. Está facultada para aplicar provisoriamente el ATI, sin embargo, si así procediese, lo más probable es que enfrentaría la acusación de pasar a llevar los controles democráticos, complicando aún más el escenario político para su aprobación en el Parlamento europeo y en los parlamentos de aquellos países que se han opuesto al acuerdo. La otra opción es aceptar el retraso de hasta 2 años en su ciclo de aprobaciones parlamentarias, con lo cual perdería legitimidad y confianza como socio comercial y político.  

Beneficios del acuerdo para Mercosur y para América Latina

En el Mercosur, en 2019, Bolsonaro especuló con el inicio de negociaciones para un TLC bilateral con USA, el que se podría ver dificultado si avanzaban las negociaciones de Mercosur con la UE. Más adelante, el presidente Lula fue decisivo para liderar a Mercosur y presionar a la UE en torno al acuerdo.

El acuerdo representa claras beneficios comerciales y económicos para Mercosur, favoreciendo su diversificación de exportaciones, atracción de IED y cooperación en educación, C&T. Sin embargo, se destaca poco que el Acuerdo representa una gran oportunidad para América Latina y para América del Sur, en particular.

  • Un favorable impacto sobre la integración regional. La UE tiene acuerdos de libre comercio con México, Panamá, R. Dominicana, Centroamérica y en América del Sur con Colombia, Chile, Ecuador y Perú. También con el Caribe. Sumando al Mercosur, sólo se restarían de estos acuerdos Bolivia, Cuba y Venezuela. La gran mayoría de los países de la región tendría acuerdos comerciales con la UE con capítulos muy similares de servicios, inversiones, compras públicas, entre otros, temas no siempre considerados en los acuerdos intrarregionales. El paso obvio sería aplicarnos entre nosotros las disciplinas que hemos comprometido con la UE. Ello sería un paso decisivo para avanzar a una efectiva integración regional, con libre movimiento de bienes, servicios, inversiones y personas y con disciplinas comunes. Este proceso puede ser gradual, incluyendo excepciones o plazos de adecuación en determinadas normas. Siendo importantes las desgravaciones arancelarias, en la conformación de un mercado regional ampliado es más relevante la convergencia de disciplinas en comercio de bienes, servicios, inversiones y manejo de las controversias.
  • Acumulación de origen estimularía cadenas de valor. Un paso adicional sería negociar la acumulación de origen entre todos los acuerdos de la región que se vinculan con la UE. Esto permitiría que cualquier país de la región con acuerdo con la UE pueda exportarle productos con insumos de cualquiera de los otros países de la región con el mismo acuerdo, sin perder los beneficios de la desgravación. Esto sería un gran estímulo a la conformación de alianzas empresariales y cadenas de valor sudamericanas o euro latinas. Con un mercado regional así unificado, el comercio intrarregional y las inversiones se verían beneficiados, en particular las pymes que tienen mayor presencia en ese comercio. Un Mercosur más amigable con el comercio y con las inversiones extranjeras, es una gran noticia para el resto de la región, para las perspectivas de la integración regional y también para el averiado sistema internacional. Este Acuerdo apunta a una comunidad de principios compartidos, basada en la democracia, el respeto a los derechos humanos y la promoción del desarrollo sostenible. En momentos en que USA abandona el multilateralismo, rompe la alianza atlántica y utiliza la política comercial como un instrumento de conflicto, este acuerdo es buena noticia para la región y para el mundo.
La UE enfrenta un dilema histórico

El escenario actual es desafiante para la UE. Hoy vive el peor momento de la historia de sus relaciones con EE. UU, con la OTAN resquebrajada por la insólita pretensión de Trump de apropiarse de Groenlandia, por las permanentes amenazas comerciales de Trump y por el desprecio con que la trata la administración Trump.

En efecto, en la nueva estrategia de seguridad de EE. UU., se puede leer que Europa enfrenta “un desvanecimiento institucional”, donde “las actividades de la UE y otros organismos transnacionales socavan la libertad política, censuran la libertad de expresión, reprimen a la oposición política, pierden las identidades nacionales y la confianza en sí misma”. De acuerdo a la visión de Trump, de seguir como está, “Europa sería irreconocible en 20 años”. Sin embargo, aún le quedarían esperanzas a Europa pues Trump acudirá en su apoyo y para ello, el punto de partida es el apoyo de EE. UU a los grupos de ultraderecha europeos que combaten a la propia UE.  

Se rompe entones el orden mundial basado en reglas, se rompe la alianza transatlántica, EE. UU. se margina de 66 organismos internacionales y Europa debe optar entre una estrategia de apaciguamiento, que poco resultado le ha dado hasta ahora, o una actitud de mayor firmeza frente al maltrato norteamericano, buscando para ello las alianzas correspondientes con el resto del mundo.

Aprobar el acuerdo UE-Mercosur es parte de ese desafío. La UE está arriesgando transformar lo que podría constituir un gran triunfo político en un gigantesco autogol, al desperdiciar un relevante acuerdo en una región donde la influencia europea viene en decadencia desde hace un par de décadas.

La UE debe ser capaz de resistir las presiones proteccionistas de parte de sus sectores agrícolas, así como exigencias desmedidas de sus círculos ambientalistas. Estos últimos, en particular, debieran entender que le están regalando un gran triunfo a Trump, quien apunta a desmontar la propia construcción del mercado único europeo y de su institucionalidad comunitaria.

Hoy día, el mundo en desarrollo necesita una UE más asertiva, que refuerce su autonomía estratégica y que pueda dar pasos consistentes en pro de preservar y/o crear espacios de multilateralismo. El Acuerdo UE-Mercosur apunta en esa dirección, así como también el Acuerdo UE- India. Este último acuerdo es más laxo que el de Mercosur y podría enfrentar las mismas dificultades en el Parlamento Europeo. Si así fuese, estaríamos en presencia del triunfo de posturas nacionalistas y proteccionistas que le hacen el juego a las pretensiones de Trump de acabar con el multilateralismo.

Recogiendo el alegato del primer ministro de Canadá, Mark Corney, potencias medias como Europa, Canadá, Africa, Asia y América Latina deben diversificar comercio y relaciones económicas, construyendo espacios móviles de coordinación, cooperación e integración, donde sea posible, evitando el alineamiento con las superpotencias y desarrollando capacidad de autonomía estratégica. Ese es el camino para transitar para defender una economía mundial donde el comercio y las inversiones se orienten por reglas y no por la ley del más fuerte. En palabras de Corney, frente a la amenaza del unilateralismo y al chantaje del poder, las opciones son “firmeza o vasallaje”    

 

 

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