Desde 2022 se viene desarrollando la negociación para adoptar un instrumento jurídicamente vinculante sobre la contaminación por plásticos, conforme al marco fijado por la Resolución UNEP/EA.5 (07.03.2022 (PNUMA)). El PNUMA solicitó a su Directora Ejecutiva que convocase a un comité intergubernamental de negociación, para trabajar un instrumento sobre la contaminación por plásticos, incluso en el medio marino, durante un periodo que se completaría a finales de 2024.
El desarrollo de los temas descritos en la Resolución indicada debía considerar enfoques vinculantes y voluntarios, basarse en una orientación global que abordase todo el ciclo de vida del plástico, y tener en cuenta, entre otras cosas, los principios de la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (1992), así como las circunstancias y capacidades nacionales incluyendo el medio ambiente marino. Se trata sin duda de un escenario amplio, que incluye diversos temas relacionados, como los que comprende la noción de ciclo de vida del plástico. Todo ello involucra actores gubernamentales y no gubernamentales, y tener en cuenta el aporte e impactos de las agencias científicas y de las empresas productoras.
En 2025, con la participación de 183 estados y observadores de la sociedad civil y organizaciones, se llevó a cabo en Ginebra la segunda parte de la quinta sesión del comité intergubernamental de negociación (“INC-5.2”, en inglés). La primera parte se había desarrollado en Busan, República de Corea. En esta etapa, la negociación contó con los textos propuestos por el presidente del comité, estructurados en torno a un proyecto de tratado internacional, pero los negociadores no lograron avanzar hacia un consenso. Las opiniones continuaron reflejando orientaciones muy diversas.
Entre ellas, que los textos propuestos carecían de algunos elementos fundamentales para algunas delegaciones, o que no se había prestado suficiente atención a la producción sustentable y al sobre consumo de estos materiales. También que no se habría otorgado el lugar debido a temas como los micro plásticos, al diseño y la producción de plásticos, los productos químicos críticos, la circularidad, el movimiento transfronterizo y su relación con la salud humana.
En este contexto, no han quedado fuera las consideraciones financieras que en este tipo de tratados pueden ser significativas, así como el diseño de un esquema para reforzar el cumplimiento de las obligaciones que se establezcan. Después de la inflexión en 2025, cuando la negociación encontró dificultades, se ha acordado retomar el proceso bajo una nueva presidencia, vicepresidencia y relatoría. La presidencia ha recaído en el diplomático chileno Julio Cordano.
La trascendencia que puede tener esta negociación se relaciona con algunos datos difundidos por el PNUMA: de 19 a 23 millones de toneladas de plástico se vuelcan cada año al medio acuático, inclusive lagos y ríos. Asimismo, se proyecta que a 2040, se triplicaría la emisión de desechos de plástico al ecosistema acuático, si no se aplicaran medidas significativas.
Otros antecedentes de interés, expuestos por la fundación noruega GRID – Arendal (que colabora con el PNUMA), indican que cuatro de los ecosistemas costeros que más captan carbón y constituyen barreras naturales contra el alza del nivel del mar, que son los manglares, pastos marinos, pantanos y arrecifes de coral, están bajo presión de las fuentes de contaminación por plásticos, de origen terrestre, debido a su proximidad a los ríos. Esos espacios son fundamentales para la adopción de medidas de mitigación. Ciertamente, el tema de la contaminación es central.
Según el Global Environmental Outlook (PNUMA, 2025), aproximadamente el 80 % de los desechos marinos proviene de fuentes terrestres. En ese ámbito, el plástico varía considerablemente en función de las prácticas de gestión de residuos, de las regiones geográficas, de la hidrografía y la topografía. La conectividad de las masas de agua y la hidrografía, como algunas características oceánicas a escala media, son fundamentales para la acumulación de desechos flotantes (PNUMA 2021a; Strokal et al. 2023). Así, el giro subtropical del Pacífico Norte es responsable de la Gran Mancha de Basura del Pacífico, un área de 1,6 millones de km2 del océano Pacífico Norte con una acumulación de 79 000 toneladas de residuos, en su mayoría plásticos (Lebreton et al. 2018).
El estudio de estos temas tiene también en consideración, la existencia de diversos instrumentos que pueden incidir en su tratamiento. Particularmente importantes, es el Convenio de Basilea sobre el control de los movimientos transfronterizos de los desechos peligrosos y su eliminación, cuyo Anexo II permite abordar categorías de desechos plásticos, referido a categorías que requieren consideraciones especiales. Otro Convenio es el de Rotterdam sobre el procedimiento de consentimiento fundamentado previo aplicable a ciertos plaguicidas y productos químicos peligrosos que son objeto de comercio internacional. Éste constituye un tratado multilateral destinado a promover la responsabilidad compartida en la importación de productos químicos peligrosos, que también pretende reducir la producción y disposición de emisiones atmosféricas de contaminantes atmosféricos y gases de efecto invernadero.
En cuento al nuevo futuro instrumento, los puntos críticos acerca de sus fines pueden visualizarse en los siguientes tópicos:
- Promoción de la producción y el consumo sostenibles del plástico mediante, entre otros, mirando al diseño de los productos y la gestión ambientalmente racional de los desechos, tomando en cuenta la necesidad de adoptar enfoques para dar eficiencia al empleo de estos recursos e introducir los supuestos de una economía circular.
- Promoción de medidas de cooperación nacional e internacional para reducir la contaminación por plásticos en el medio marino, incluida la actualmente existente.
- Desarrollo, aplicación y actualización de los planes de acción nacionales que reflejen los enfoques que impulsen los países para contribuir a los objetivos del instrumento.
- Promoción de planes de acción nacionales para trabajar en la prevención, reducción y eliminación de la contaminación por plásticos, que apoyen la cooperación regional e internacional.
El futuro instrumento debería considerar, asimismo, la flexibilidad para que en algunas disposiciones el cumplimiento de los compromisos se pueda dejar a discreción de los países, en función de sus circunstancias nacionales. Ya que un acuerdo comprendería obligaciones respecto de la producción y el consumo de productos plásticos que pueden originar contaminación, o riesgos inaceptables al medio ambiente y a la salud humana, se trata de materias que se relacionan con industrias y formas de consumo. Eh aquí un área sensible de la negociación.
Por otra parte, el derecho del mar –uno de cuyos capítulos fundamentales es la protección del medio ambiente– no debe ser ajeno a este tipo de discusiones, en la medida en que los efectos de la contaminación por plásticos, se plantea en los océanos.

