El 28 de febrero recién pasado, el mundo despertó con una noticia estremecedora. Estados Unidos e Israel habían bombardeado varias ciudades de Irán. En respuesta, la nación afectada lanzó misiles y drones contra Israel y diversas bases militares que Washington tiene en Medio Oriente.
Las causas de este conflicto y sus resultados aún son inciertos, al igual que la cantidad de vidas que cobrará una nueva guerra liderada por el país del norte y que, por lo pronto, ya consiguió uno de sus principales objetivos: asesinar al líder supremo iraní, Alí Jameneí.
Pero por lejano que pueda parecer esta intervención militar, en un escenario altamente conectado y globalizado, las consecuencias, de alguna manera, también podrían repercutir tanto en Chile como en el resto de América Latina.
Para analizar el escenario presente y futuro de este conflicto bélico, la Cátedra de Prospectiva Estratégica y Relaciones Internacionales del IEI organizó un conversatorio en el cual participaron el Presidente del Consejo Chileno de Prospectiva y Estrategia, ex ministro y senador, Sergio Bitar y el Coordinador de nuestra cátedra, prof. Héctor Casanueva. En tanto, la presentación y moderación del encuentro estuvo a cargo de la periodista Lucía López.
Sobre el particular, el académico del IEI explicó que los ataques han generado toda una controversia dentro de la propia Unión Europea, en cuanto a la forma en que se debe relacionar con Estados Unidos, sobre todo en lo que se refiere al uso de bases militares. Por lo pronto, España ya negó la utilización de la Base Naval de Rota (Cádiz) y la Base Aérea de Morón (Sevilla), por los serios riesgos que gatillaría por concepto de transporte aéreo en la región, además de las repercusiones globales, que no solo tienen que ver con los suministros de mercancías de gas y de petróleo que afectarían a Europa y que elevarían los precios para todo el mundo.
“Hay consecuencias políticas, divisiones en la opinión pública, incluso de los Estados Unidos, así como también se han producido diferencia importantes entre partidos políticos europeos tanto de derecha, como de centro e izquierda”, explicó el prof. Casanueva.
Asimismo, aclaró que China se ha manifestado expresamente en contra de esta guerra, al ser uno de los mayores perjudicados en cuanto a sus necesidades energéticas basadas en el petróleo. “Este escenario de crisis circunscrito al Medio Oriente y Europa, parece lejano para Chile y, en general, para América Latina. Pero no debemos olvidar que actualmente los conflictos, como sabemos, se globalizan de una u otra forma”, destacó.
Por su parte, Sergio Bitar invitó a reflexionar sobre cómo, en los últimos años, Estados Unidos se ha hecho presente e impuesto su postura en cosas que pueden parecer nimias, pero que tienen un trasfondo mucho más profundo. En tal sentido, recordó tres hechos puntuales, como “la licitación para elaborar los pasaportes chilenos, que en principio se adjudicó una compañía chino-alemana, y que tuvimos que echar para atrás porque Estados Unidos dijo: ‘si ustedes quieren eso, van a perder la Visa Waiver, porque nosotros tenemos el control y no queremos que nadie, menos China, tenga conocimiento de los datos de los chilenos que han pedido la visa’. El segundo fue un acuerdo al que arribó la Universidad Católica del Norte con una universidad china para instalar un observatorio, como tantos de otros países que operan en nuestra zona norte. Esto también tuvimos que echar para atrás por la presión estadounidense, que arguyó que el mentado observatorio en realidad estaba destinado a supervisar satélites de baja altura y que por esa vía podrían obtener informaciones y datos inquietantes en materia de seguridad. Más recientemente tenemos el caso del cable, que estaba trabajándose hace años, entre Valparaíso y Hong Kong, y que hubiera significado una conectividad inédita entre el Pacífico Sur. Entonces también podríamos esperar que un nuevo conflicto armado nos perjudique otra vez en materia la propiedad y explotación de cobre, porque ahí ya el golpe sería esencial para Chile”, sentenció.
A juicio del ex Ministro y ex Senador, el nuevo escenario que nos plantea la guerra contra Irán justifica que nos preguntemos cuál es el alcance del concepto de seguridad nacional de Estados Unidos. ¿Hasta dónde llega, quién lo interpreta? ¿Qué hacemos los países medianos o pequeños? “Ese es el problema que quiero transmitir, porque la descripción que ha hecho Héctor de la situación global, proyectándola a largo plazo, nos expone a un escenario de mayor intensificación del desacoplamiento, o, por lo menos, de contención de China”, argumentó.
El cable submarino
“Por lo pronto quisiera concentrarme en el tema del cable submarino y cómo la contención de China se puede proyectar sobre nosotros”, afirmó Bitar.
A juicio del Presidente del Consejo Chileno de Prospectiva y Estrategia, el cable submarino es estratégico por el manejo de datos y equivale al petróleo de antes, por lo tanto, sería como un ducto de petróleo con datos que esta vez compartiríamos con Asia. Asimismo, nos otorgaría autonomía para decir que aquí hay un hub latinoamericano de conexión único en su tipo destinado a beneficiar la comunicación con la región del Asia-Pacífico.
“La respuesta, en un momento fue -y lo hizo el gobierno del Presidente Piñera, al final, de la primera administración Trump- llegar a un acuerdo con Google. Se firmó un acuerdo entre una empresa china que se llama desarrollo país y Google para instalar el cable hasta Sidney. Entonces uno deduce que allí hay mecanismos de la empresa norteamericana y el Gobierno australiano de control de la información de un lado y de otro. Pero claramente EE.UU. tiene la fuerza para ejercer presión y detener este tipo de iniciativas. Entonces, mi pregunta es si en Chile hemos tomado en cuenta todo esto”, afirmó.
El Cobre
Sergio Bitar también se refirió al cobre (nuestro principal producto de exportación) y recordó que China produce mucho menos cobre del que consume. Pero, por otro lado, tiene la mayor capacidad de fundición del mundo.
“Por nuestra parte, les vendemos el concentrado de cobre que se funde allá. Entonces, cómo logramos aumentar nuestra autonomía, la respuesta es haciendo una refinería más grande. Hay proyectos y negociaciones en ese sentido, pero que hasta el momento no se han podido concretar, toda vez que las empresas cupríferas internacionales que operan en nuestro país prefieren exportar el concentrado, principalmente porque lo que cobra China por refinar es mucho más barato que lo que podríamos cobrar nosotros con una planta refinadora. Estos temas que pueden parecer muy ingenieriles y técnicos, también deben ser abordados como materia de seguridad y soberanía nacional”, concluyó.

