Un recorrido que parte con la caída de la Unión Soviética y que termina con la revolución tecnológica, que -a la fecha- toca la cúspide con la irrupción de la inteligencia artificial. En síntesis, un resumen de lo que han significado los 25 primeros años del siglo XXI es lo que queda plasmado en libro “¿Cómo llegamos hasta aquí?”, el cual recopila una serie de conversaciones sostenidas entre el Senador José Miguel Insulza y Fernando Reyes Matta, diplomático y Director del Centro de Estudios sobre China, de la Universidad Andrés Bello.
Y es precisamente el contenido de la publicación, o parte importante de este, el que inspiró al Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile y al Foro Permanente de Política Exterior, a realizar un conversatorio que además contó con la presencia de la Consultora de CEPAL y académica del IEI, Alicia Frohmann, y del también profesor del IEI, Cristóbal Bywaters.
En la oportunidad y basándose un poco en los pasajes que contiene la publicación, el Senador Insulza pasó revista a lo que ha acontecido en el último año, especialmente con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.
Estados Unidos es el país más grande, “no solo por su territorio, sino que también porque es el primer productor sino porque, por un lado, porque es el primer productor del mundo y, aunque a muchos no les guste reconocerlo, es el que le da origen al sistema internacional, el mismo que hoy lo cuestiona”, afirmó.
Pero a juicio del parlamentario, este cuestionamiento al sistema internacional ha tomado más relevancia en el último tiempo y con la llegada de Trump, quien a diario no deja de sorprender con sus palabras y acciones. “Primero fue Venezuela, ahora es Groenlandia. Es un hombre impredecible, capaz de abandonar el centro, y no solo eso, sino que además socavar su propio sistema. Sin embargo, debemos confesar que el sistema ha resultado ser más resiliente de lo que se esperaba y no va a destruirse tan fácilmente”, agregó Insulza.
Sin perjuicio de lo anterior -para el senador- el mundo económico se sigue moviendo, aunque de manera muy distinta a lo que pensábamos significaría el regreso de Trump.
“La guerra de Ucrania todavía está ahí; le sigue el conflicto en la Franja de Gaza y ahora Venezuela. América Latina francamente no le interesa. Pero también se rumorea que se estaría fraguando un pacto de paz entre Estados Unidos y China, al que también se podrían sumar Alemania y Francia. Y en este pacto global, América Latina figuraría como parte de Estados Unidos. Mal que mal acá están los minerales, tierras fértiles, etc.”, concluyó.
Comentarios
La presentación del Senador Insulza fue comentada por la académica Alicia Frohmann, quien complementó lo expuesto por el parlamentario con un breve análisis del nuevo diseño geopolítico mundial desde una perspectiva más económica.
La también consultora de CEPAL recordó que frente a la agudización del conflicto entre Estados Unidos y Europa por Groenlandia, el mercado respondió con rapidez, generándose una caída en el valor de las acciones, así como también en el valor del dólar.
“Pero la racionalidad económica y los relatos ideológicos no parecen ya impulsores principales de las pugnas internacionales, como fue por décadas. Estados Unidos ha echado a la basura todas sus herramientas de poder. Hoy la guerra arancelaria ilustra los caprichosos cambios de prioridades de Trump”.
Frohmann recordó que, al principio, el propósito declarado fue parar el flujo de fentanilo, las drogas, los inmigrantes indocumentados; luego también revertir el déficit comercial y revitalizar la economía; después los aranceles pasaron a ser una herramienta política contra Brasil por la condena de Bolsonaro contra la India, por comprar petróleo a Rusia y, en los últimos días, amenazó con aranceles a los países europeos que se opongan a la anexión de Groenlandia. O sea, hoy los aranceles son una herramienta de guerra y desconocemos su impacto sobre la economía real.
“Ahora, aunque se despeje el polvo, domina la incertidumbre sobre futuras medidas y, si acaso se cumplirán los compromisos negociados con terceros. Ahora vemos que muchos de los actuales conflictos se castigan por la carrera entre las superpotencias por el control de los recursos naturales. Tal es el caso en Medio Oriente y Venezuela por el petróleo. Entonces resulta imposible no preguntarse ¿qué pasará con el cobre, el sueldo de Chile?”.
A juicio de la experta, el déficit de la oferta mundial del cobre alcanzaría una brecha del 50 % hacia el año 2040, presionada por la demanda de electrificación de las nuevas tecnologías, sobre todo de la inteligencia artificial y de la industria de defensa.
La producción de cobre, a su vez, crecería hasta alcanzar un tope en 2030, para luego caer mientras sigue aumentando la demanda principalmente desde Asia.
“Ahora, es importante recordar que se proyecta una desaceleración del crecimiento mundial, pasando del 3,2 % en 2025 a un 2,9% en 2026, lo cual pone de relieve las fragilidades subyacentes en la economía. Asimismo, se estima una desaceleración del crecimiento en Estados Unidos. Y aunque no hay una narrativa clara sobre la actual situación global, de manera aparentemente arbitraria, Donald Trump, ha ido echando tuercas en los engranajes de la economía internacional para su propio beneficio”.
Por su parte, para el profesor Bywaters hoy nos encontramos en un escenario altamente preocupante y desafiante para los intereses de Chile.
“Me parece que hasta el momento se ha logrado gestionar adecuadamente la relación bilateral, pese a los importantes desafíos que estamos enfrentando en este momento, en parte por el capital acumulado que tenemos con Estados Unidos durante las últimas décadas, pero también porque no estamos entre las prioridades de Estados Unidos”, explicó.
En materia de reconfiguración del orden internacional, el académico del IEI reconoció que probablemente estamos en un escenario de multipolaridad fragmentada, donde todavía coexisten distintos espacios del orden precedente y un orden internacional que está emergiendo.
“La política exterior de Trump consolida esa percepción de emergencia de un mundo multipolar, pero no necesariamente en el sentido de polos estables o reconocidos nítidamente, al estilo de la Guerra Fría, sino como una suerte de esferas de influencia más laxas, superpuestas y, por cierto, interdependientes, resultado también de los legados de la globalización.
A su juicio, parte importante de la incertidumbre de nuestros días dice relación con que no sabemos aún cuál será la vigencia de las reglas o normas de conducta del orden internacional liberal en el futuro, como principio ordenador del sistema internacional.
“Para Chile, esto implica un entorno internacional menos predecible. Y para un país que trata de generar una política exterior basada en principios, es ciertamente desafiante el debilitamiento de las reglas compartidas, pues afecta desproporcionadamente a los más pequeños y también a los medianos, que históricamente han dependido de acuerdos multilaterales para compensar las asimetrías de poder en el cual se encuentran. Cabe entonces preguntar si se trata de un cambio pasajero o es, más bien, una tendencia estructural. Es probable que esta tendencia que vemos ahora en la política exterior estadounidense se mantenga y se convierta en una herencia para los siguientes gobiernos”, concluyó.

