Mercosur-Unión Europea: la integración y el derecho internacional aún importan

Mercosur-UE: la integración y el derecho internacional aún importan

Por Dorotea López, Directora del IEI, y Fernando Sossdorf, académico del IEI.

Mientras muchas economías optan por levantar barreras, dos regiones que comparten valores democráticos y una vocación multilateral eligen avanzar en integración. El Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur es hoy una de las pruebas  más concretas de que la integración y el derecho internacional siguen vigentes. Sin embargo, su éxito dependerá menos de la firma que de su implementación política. 

Este Acuerdo tiene implicaciones muy relevantes en el escenario actual y contrasta con la política de aranceles, nacionalismo y acuerdos bilaterales impuesta por Estados Unidos desde la llegada de Donald Trump a la presidencia. Tanto el Mercosur como la UE tienen su origen en su convicción de que la integración entre los países es esencial para mejorar la calidad de vida de los individuos, y su estructura se basa en el derecho internacional y el respeto por el mismo, un tema más relevante hoy día que nunca desde la Segunda Guerra. 

Asimismo, conflictos como la guerra en Ucrania, las tensiones con China y el retorno de Trump a la escena política han reforzado en Europa la necesidad de diversificar alianzas estratégicas. En particular, se busca reducir la dependencia respecto de las grandes potencias y, especialmente, de China. Para el Mercosur, en tanto, el Acuerdo representa una apertura histórica de un bloque tradicionalmente cerrado y hoy afectado por debilidades internas persistentes. 

Para Brasil, bajo el liderazgo de Luiz Inácio Lula da Silva, el tratado permite equilibrar su pertenencia a los BRICS y mejorar su posicionamiento internacional. Para Argentina, el Acuerdo dificulta que el presidente Javier Milei pueda avanzar en una eventual salida del Mercosur, como ha insinuado en distintas ocasiones. En tiempos de fragmentación, la interdependencia vuelve así a presentarse no como una debilidad, sino como una necesidad estratégica.

La firma del tratado tuvo lugar en el teatro José Asunción Flores del Banco Central de Paraguay, un espacio de alto simbolismo institucional, pues fue allí donde en 1991 nació el Mercosur. Desde Buenos Aires, el presidente argentino Javier Milei calificó el acuerdo como “el mayor logro del Mercosur desde su creación”, subrayando al mismo tiempo que Argentina continuará profundizando vínculos con socios extra-regionales como Estados Unidos, Japón y los Emiratos Árabes Unidos. Esta afirmación refleja una tensión característica del momento actual: la coexistencia entre estrategias de apertura bilateral y la apuesta por marcos multilaterales amplios.

En la misma línea, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, destacó que el Acuerdo representa “la respuesta del multilateralismo al aislamiento”, una definición que resume con precisión su significado político en un contexto internacional crecientemente fragmentado.

Tras más de veinticinco años de negociaciones que parecían interminables, el Acuerdo dará origen a la mayor zona de libre comercio del mundo en términos de PIB y población. Pese a las manifestaciones de sectores agrícolas y a la oposición de fuerzas de extrema derecha europeas, el 9 de enero una mayoría calificada del 55% de los Estados miembros respaldó el mandato a la Comisión Europea para proceder con la firma.

El Acuerdo se estructura en tres pilares: comercio, diálogo político y cooperación. El pilar comercial puede entrar en vigor de manera provisional, dado que la política comercial es una competencia exclusiva de la Unión Europea. Más complejo se anticipa el camino para la entrada en vigor plena del Acuerdo en su conjunto, ya que las disposiciones políticas requieren la ratificación de todos los Estados miembros de la UE y de las partes del Mercosur.

Con la firma se iniciará un proceso de reducción arancelaria que, en distintos plazos, cubrirá cerca del 90 % del comercio bilateral, manteniendo ciertas sensibilidades protegidas. Sectores como los cítricos, las frutillas, el arroz, la carne vacuna y la madera figuran entre los principales beneficiados. A ello se suman disposiciones orientadas a facilitar las inversiones, eliminar obstáculos al comercio transfronterizo de servicios, en particular en servicios digitales y financieros, y abrir oportunidades en contratación pública. En este contexto, será clave seguir de cerca la evolución del sector agrícola, de los servicios y, especialmente, de los minerales críticos y las tierras raras.

La resistencia al Acuerdo por parte de algunos sectores agrícolas europeos y de fuerzas euro escépticas es real, pero no inédita. El precedente del acuerdo entre la Unión Europea y Canadá demuestra que la aplicación provisional de tratados comerciales es una práctica consolidada. Además, la Comisión Europea ha creado mecanismos de compensación y reforzado salvaguardias para agricultores, buscando aminorar la oposición de países como Francia.

Esta versión del Acuerdo incorpora disposiciones novedosas respecto de los textos iniciales. El capítulo de Comercio y Desarrollo Sostenible reconoce al Acuerdo de París como cláusula esencial, incluye compromisos vinculantes contra la deforestación y la tala ilegal, y refuerza estándares laborales, aunque sin incorporar un capítulo específico de género, a diferencia de otros acuerdos recientes de la Unión Europea, como el modernizado acuerdo con Chile, que fue el primero de la UE en incluirlo.

El verdadero desafío comienza ahora. La capacidad de implementar el Acuerdo, gestionar las sensibilidades sectoriales y diseñar estrategias de diversificación productiva será determinante. Todo ello ocurre, además, en un contexto en que el Mercosur ha perdido parte de su sentido original y la Unión Europea enfrenta sus propias tensiones internas. El eventual ingreso de Bolivia al Mercosur, así como la forma en que este Acuerdo dialogue con la Alianza del Pacífico y otros acuerdos regionales, será clave para el futuro de la integración sudamericana.

Como todo acuerdo internacional, sus efectos sólo serán positivos si llegan efectivamente al campo, a las fábricas, a las pequeñas y medianas empresas y a los consumidores. Solo así podrá legitimarse social y políticamente. En un mundo crecientemente tensionado por el extremismo y la desconfianza, el éxito del Acuerdo Mercosur-Unión Europea puede demostrar que el multilateralismo comercial sigue siendo una herramienta vigente para la prosperidad compartida, la cooperación y la paz. Para Chile, país que ha hecho de la apertura comercial con reglas, del respeto al derecho internacional y del multilateralismo una política de Estado, este Acuerdo refuerza una convicción largamente sostenida.

Últimas noticias

Foto-1-Insulza

“¿Cómo llegamos hasta aquí?”

La última publicación del Senador José Miguel Insulza reunió a expertos del Instituto de Estudios Internacionales, para debatir sobre los efectos globales que ha generado el Presidente Donald Trump a un año de su regreso a la Casa Blanca.